Cada edición del Festival de Viña del Mar trae música, turistas y un ambiente festivo único. Pero también arrastra un fenómeno que se repite cada verano: la demanda creciente de guardias OS10 en hoteles, condominios y edificios residenciales. Y este 2025 no ha sido la excepción.
Viña del Mar experimenta durante estas fechas un flujo peatonal y vehicular que supera con facilidad cualquier semana normal del año. Calles como Álvarez, Viana, Ecuador, Von Schroeders y Agua Santa se saturan por el aumento de visitantes, lo que impacta directamente en la capacidad de los recintos para controlar quién entra y quién sale.

La presión del flujo masivo de turistas
Durante la semana del Festival, la ocupación hotelera puede superar el 95%, mientras que los arriendos temporales en departamentos cercanos a la Quinta Vergara se multiplican. Esto genera una presión inédita en los accesos, especialmente durante los horarios de ingreso a los conciertos y en las madrugadas posteriores.
En hoteles pequeños y edificios residenciales, la situación es aún más crítica:
no cuentan con personal de seguridad suficiente, dependen casi por completo de un conserje y tienen sistemas de control básicos, muchas veces manuales, que se vuelven insuficientes frente a un flujo masivo.
Este punto conecta directamente con lo expuesto en Guardias de seguridad OS10 | Guía profesional 2025, donde se explica por qué estos profesionales están capacitados para gestionar situaciones de alto tránsito, identificar riesgos y actuar bajo presión, algo que los conserjes no están obligados —ni preparados— para manejar.
Accesos saturados: ingreso de desconocidos en segundos
En los momentos peak, la entrada de un edificio puede volverse un caos: huéspedes, turistas, acompañantes, delivery, proveedores, técnicos y personas que simplemente “siguen” a un residente para ingresar sin ser detectadas.
Cuando la puerta está constantemente abriéndose y cerrándose, el acceso se convierte en una oportunidad.
Los guardias OS10 están entrenados para:
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controlar flujos masivos,
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identificar comportamientos sospechosos,
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manejar accesos con criterios de seguridad,
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evitar ingresos no autorizados,
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coordinar con administración en situaciones de riesgo.
Un conserje, en cambio, no tiene formación en seguridad, lo que conecta con otro de los contenidos clave del articulo: El error más común en condominios | confiar la seguridad al conserje, donde se advierte que delegar la protección de un edificio en alguien cuya función principal es administrativa es una práctica riesgosa que se evidencia aún más en contextos de alta demanda como el Festival.
La saturación expone los límites del rol del conserje
Durante el Festival de Viña, la carga laboral del conserje crece al doble o triple:
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registro de visitantes,
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coordinación de huéspedes temporales,
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manejo de paquetes y delivery,
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apertura constante de accesos,
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atención telefónica,
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resolución de conflictos menores,
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coordinación con residentes.
A esto se suma el ingreso simultáneo de desconocidos que suelen aprovechar el movimiento para mezclarse con la multitud.
El rol del conserje es valioso, pero no es un rol de seguridad.
Tal como se explica en ¿Qué hace un conserje? | Funciones clave para la seguridad en 2025, su labor es operativa y administrativa, no táctica ni preventiva.
Por eso, durante un evento masivo como el Festival, los edificios que dependen solo del conserje quedan expuestos a robos por distracción, ingresos no registrados y desbordes no controlados.
Turistas, arriendos temporales y riesgos adicionales
En zonas como Chorrillos, Nueva Aurora, Recreo y el Plan de Viña del Mar, los arriendos temporales aumentan de manera explosiva. Esto genera:
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múltiples personas entrando con la misma llave o código,
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acompañantes no registrados,
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residentes que entregan accesos a terceros,
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turistas que desconocen los protocolos del edificio,
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visitas nocturnas que llegan en grupos.
Para los guardias OS10 esto no es nuevo: están entrenados en perfilación básica, control de ingreso y resolución de conflictos, algo indispensable durante el Festival, donde la mezcla entre alcohol, desorden y desconocidos convierte los accesos en un punto crítico.
Hoteles pequeños y edificios antiguos: los más vulnerables
Los hoteles boutique, hostales y edificios construidos antes del año 2000 suelen tener:
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puertas sin cierre automático,
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cámaras con baja resolución,
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accesos amplios sin torniquete,
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ausencia de sistemas de autenticación,
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dependencias antiguas que facilitan la entrada de extraños.
En estos lugares, un guardia OS10 puede marcar una diferencia radical:
no solo controla el flujo, sino que disuade, analiza, detecta patrones de riesgo y maneja eventos complejos.
Sin este apoyo, el conserje queda solo frente a situaciones que claramente exceden su rol, como intentos de ingreso por suplantación, discusiones nocturnas o visitantes que intentan entrar después de un concierto.
La presencia profesional reduce incidentes durante el Festival
La experiencia en temporadas anteriores demuestra que los edificios que refuerzan su seguridad con guardias OS10 tienen:
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menos ingresos no autorizados,
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mayor control de visitantes,
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resolución más rápida de conflictos,
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vigilancia efectiva en zonas exteriores,
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apoyo en rondas y puntos ciegos,
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asistencia directa al conserje cuando el flujo se dispara.
Es un refuerzo táctico, no cosmético.
En momentos de alta exposición, el guardia OS10 sostiene la seguridad del edificio.
El factor Federal Seguridad
En este contexto, Federal Seguridad se vuelve un aliado clave para los edificios y hoteles que necesitan reforzar su operación durante el Festival. Con equipos OS10 formados en control de accesos, rondas, perfilación preventiva y manejo de eventos masivos, su presencia profesional permite reducir riesgos cuando todo está diseñado para que el ingreso de desconocidos sea más fácil.
Los administradores que ya han trabajado con apoyo profesional reconocen el impacto:
cuando el flujo aumenta, la diferencia entre seguridad y vulnerabilidad está en quién controla la puerta.