Durante años, aprobar el curso OS10 fue visto como el “checklist final” para trabajar como vigilante privado en Chile. Tener la credencial vigente parecía suficiente.
Pero el escenario cambió.
En 2026, la seguridad privada enfrenta amenazas más complejas, entornos más exigentes y una ciudadanía más consciente de sus derechos. Hoy, la acreditación es solo el punto de partida, no la garantía de un buen desempeño.
Este artículo explica qué exige la ley chilena para la formación del vigilante privado y, más importante aún, qué exige la realidad operativa actual.
Qué exige la ley: requisitos formales del vigilante privado en Chile
La formación del vigilante privado está regulada y fiscalizada por Carabineros de Chile a través del Departamento OS10, bajo el marco del Decreto Supremo N°93 del Ministerio del Interior.
Requisitos legales vigentes (base OS10)
Para ejercer como vigilante privado, la ley exige:
-
Curso OS10 aprobado en entidad autorizada
-
Credencial OS10 vigente
-
Evaluación psicológica y médica aprobada
-
Antecedentes penales limpios
-
Contratación por una empresa autorizada
-
Renovación periódica de la acreditación
Esta formación cubre contenidos mínimos como:
-
Legislación básica
-
Procedimientos operativos
-
Uso proporcional de la fuerza
-
Primeros auxilios
-
Normas de actuación ante delitos flagrantes
Cumplir estos requisitos es obligatorio, pero no necesariamente suficiente para enfrentar los desafíos actuales del rubro.
La brecha entre la ley y la realidad operativa
El principal problema en 2026 no es la falta de normas, sino la desactualización práctica de muchos perfiles.
Hoy, el vigilante privado opera en contextos donde:
-
Los delitos son más rápidos y coordinados
-
Existen mayores riesgos legales por mala actuación
-
La interacción con personas es constante y sensible
-
La tecnología es parte del día a día
-
Todo procedimiento puede ser grabado, denunciado o judicializado
La ley fija un piso mínimo.
La realidad exige un estándar mucho más alto.
Capacitación continua: la diferencia entre cumplir y ser profesional
En 2026, las empresas mejor evaluadas no son las que solo acreditan, sino las que entrenan de forma permanente.
Qué incluye hoy una formación moderna
La capacitación continua del vigilante privado debería incorporar:
-
Actualización legal periódica
-
Manejo de conflictos y comunicación efectiva
-
Procedimientos ante crisis y emergencias
-
Coordinación con sistemas tecnológicos
-
Redacción de informes operativos
-
Manejo del estrés y toma de decisiones bajo presión
Un vigilante que no se actualiza corre dos riesgos:
-
Operativo: actuar mal en una situación crítica
-
Legal: exponerse a sanciones personales y para la empresa
Habilidades técnicas que hoy son obligatorias
El perfil técnico del vigilante privado en 2026 es más amplio que nunca.
Entre las habilidades técnicas más demandadas destacan:
-
Uso de sistemas de videovigilancia
-
Lectura de eventos y alertas
-
Manejo de radios, aplicaciones y plataformas digitales
-
Control de procedimientos de ingreso y egreso
-
Comprensión de protocolos escritos y digitales
La seguridad ya no se ejecuta solo con presencia física.
Se gestiona con información, criterio y respaldo tecnológico.
Habilidades humanas: el factor que más errores evita
Paradójicamente, mientras más tecnología existe, más importante se vuelve el factor humano.
Las habilidades blandas hoy no son opcionales:
-
Comunicación clara y respetuosa
-
Manejo de personas molestas o alteradas
-
Control emocional en escenarios tensos
-
Empatía sin perder autoridad
-
Capacidad de escalar problemas sin confrontación
Muchos conflictos legales en seguridad privada no nacen de delitos, sino de malas interacciones.
Un vigilante bien formado sabe prevenir sin provocar.
La profesionalización del vigilante privado en 2026
El mercado está marcando una tendencia clara:
los servicios improvisados quedan fuera.
Hoy se valora:
-
Formación constante
-
Supervisión activa
-
Protocolos claros
-
Evaluación de desempeño
-
Cultura de cumplimiento
El vigilante privado moderno ya no es solo un “puesto fijo”.
Es un operador de seguridad, parte de una estrategia más amplia.
Conclusión: la formación define la calidad del servicio
En 2026, la seguridad privada no se mide por credenciales colgadas, sino por cómo actúa una persona cuando algo realmente ocurre.
La ley establece el mínimo.
La realidad exige criterio, preparación y profesionalismo.
Invertir en formación no es un costo operativo:
es la diferencia entre prevenir un incidente o enfrentarse a un problema legal, reputacional o humano.
La acreditación ya no es suficiente.
La formación continua es el nuevo estándar.