Contratar un servicio de guardias de seguridad no transfiere automáticamente todos los riesgos. Muchas empresas asumen que, ante un incidente, la responsabilidad recae exclusivamente en la empresa de seguridad contratada.
La realidad es más compleja.
Cuando un guardia comete un error —ya sea por negligencia, exceso de fuerza, omisión de actuación o incumplimiento de protocolo— pueden generarse responsabilidades tanto civiles como contractuales, e incluso penales, dependiendo del caso.
Entender este escenario es clave para cualquier organización que opere con seguridad privada.
El principio básico: responsabilidad compartida
En términos generales, pueden existir tres niveles de responsabilidad:
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Responsabilidad del guardia como persona natural.
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Responsabilidad de la empresa de seguridad que lo contrata y supervisa.
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Responsabilidad de la empresa mandante donde ocurrió el hecho.
El punto crítico es que la empresa contratante no queda automáticamente exenta.
Si existe falta de supervisión, ausencia de protocolos o negligencia en la contratación, puede verse involucrada.
Casos más comunes donde surge responsabilidad
Algunos escenarios habituales incluyen:
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Uso excesivo de fuerza frente a un visitante o trabajador
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Retención indebida de una persona
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Omisión ante un robo detectado
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Discriminación en controles de acceso
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Fallas en monitoreo CCTV que impiden verificar un incidente
En estos casos, pueden abrirse procesos civiles por daños y perjuicios, y en situaciones graves, investigaciones penales.
Responsabilidad civil: el riesgo más frecuente
La responsabilidad civil se activa cuando existe un daño causado a un tercero.
Por ejemplo:
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Lesiones físicas
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Daño moral
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Pérdidas económicas derivadas de negligencia
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Vulneración de derechos fundamentales
Si el guardia actuó bajo instrucciones, protocolos deficientes o sin supervisión adecuada, la empresa donde presta servicios puede enfrentar demandas solidarias.
La importancia del contrato de prestación de servicios
El contrato entre la empresa mandante y la empresa de seguridad es determinante.
Debe establecer claramente:
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Alcance de funciones del guardia
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Protocolos de actuación
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Responsabilidades específicas
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Cobertura de seguros
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Procedimientos ante incidentes
Un contrato débil o ambiguo puede dejar espacios de riesgo legal.
Protocolos y supervisión: la línea de defensa real
Más allá del contrato, lo que realmente protege a una empresa es la existencia de:
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Protocolos escritos y actualizados
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Capacitación formal de guardias
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Integración con monitoreo CCTV
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Registro documentado de incidentes
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Supervisión permanente del servicio
Cuando existe estructura operativa clara, la exposición disminuye considerablemente.
El mayor riesgo no es el error aislado.
Es la ausencia de sistema.
CCTV y trazabilidad: protección legal clave
El monitoreo CCTV cumple un rol estratégico en estos escenarios.
Permite:
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Verificar hechos objetivamente
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Documentar procedimientos
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Demostrar cumplimiento de protocolos
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Evitar interpretaciones unilaterales
En muchos casos, la grabación adecuada puede determinar si existió o no actuación negligente.
Pero esto exige que el sistema funcione correctamente, que esté monitoreado y que se resguarde la cadena de custodia de la evidencia.
Riesgo reputacional y continuidad operativa
Más allá de lo legal, existe un riesgo menos visible pero igual de crítico: la reputación.
Un incidente mal gestionado puede:
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Afectar imagen corporativa
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Generar crisis comunicacional
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Impactar relación con clientes
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Elevar primas de seguros
La seguridad no solo protege activos físicos.
Protege confianza.
Cómo reducir la exposición legal
Las empresas pueden disminuir significativamente el riesgo si:
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Contratan proveedores certificados
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Exigen capacitación acreditada
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Solicitan protocolos formales
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Integran guardias con monitoreo CCTV
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Auditan periódicamente el servicio
La seguridad profesional no se basa solo en presencia física.
Se basa en estructura, control y trazabilidad.
Conclusión
Cuando un guardia comete un error, la responsabilidad puede extenderse más allá de la persona involucrada. Dependiendo del contexto, la empresa de seguridad y la empresa mandante pueden enfrentar consecuencias civiles o legales.
La clave para minimizar riesgos no está en trasladar responsabilidades, sino en construir un sistema profesional: protocolos claros, monitoreo activo, supervisión constante y documentación adecuada.
En seguridad corporativa, la prevención no solo evita delitos.
También protege a la organización frente a eventuales conflictos legales.